Hoy, último dia antes de irte; toda la ropa la acabas, de sacar con prisas del armario; no te has hecho la lista que todo el mundo te ha dicho que tendrías que haber hecho; tú te preguntas, qué has hecho para merecer ésto; no sabes que ropa elegir ni que maleta coger, la grande o la pequeña; recorres 84 escalones para ver las maletas; al final te decantas por la pequeña, puesto que sabes que vas a coger poca ropa; empiezas a elegir las camisetas que más te gustan, las nuevas y más de marca; viene tu madre y con todo el cariño del mundo te convence a que cojas las otras camisetas, para que las nuevas no se estropéen; una vez con toda la ropa, intentas abrir la maleta y no puedes; como antes has tocado “sin querer” la combinación de números, ahora no te acuerdas de la contraseña y no la puedes abrir; telefoneas a la oficina de tu padre y no te lo coje porque está reunido, insistes a lo largo de 10 minutos pero él lo tiene en silencio; luego resulta que tu hermana pequeña la savía; al abrirla te das cuenta a primera vista que la ropa no cave ni por asomo, pero tu te sientas encima e insistes; pasa tu hermano pequeño con cara de desprecio y tu te ríes de la situación en que estás, tu hermano no se ríe y te dice que cojas la maleta grande; le sueltas un insulto y él se va corriendo y riéndose de tí de esa manera; tonto de tí que sigues sin hacer caso y te pones de pié en la maleta; al final vas a buscar la grande y todo encaja perfectamente.

Te quedas satisfecho pero con la cara llena de vergüenza. Te das cuenta de que si hubieras hecho caso a tu madre y a tus hermanos, no hubieses perdido toda la tarde en hacer la maleta.

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